Morelba Franco llegó a Colombia en 2018, lo hizo para acompañar a su familia que había migrado 2 años antes. Tiene 61 años y es jubilada en su país, aunque eso solo le represente 5 dólares mensuales.

Durante 21 años trabajó en un colegio en Venezuela, desempeñándose en labores de aseo y mantenimiento, con un salario competitivo que incluía todos los beneficios: aguinaldos, uniformes, y vacaciones, “el sueldo era abundante, nos pagan todo”, cuenta al hablar de sus condiciones laborales. Además, junto a su familia, administraban un taller de muebles, dedicándose a la carpintería y tapicería. Sus fines de semana los usaba para reunirse en familia, llevando una vida apacible.
La situación económica en Venezuela se volvió insostenible, dice ella, esto motivó la migración de su hija quién salió hacía Colombia en 2016, al año siguiente, en 2017, su hijo también decidió migrar. Su hija se estableció en Turbo, Antioquía. Llegó allí porque una amiga le había hablado de un trabajo en una farmacia y como las oportunidades en Venezuela eran escasas, consideró que esta era la mejor opción.
Ella nunca pensó en migrar, pero la situación política de su país incrementó y con ello la carestía de los productos, la dificultad para obtener alimentos y acceder a salud. En 2018 migró Morelba, con el deseo de estar junto a su familia y brindar apoyo emocional y económico, así que decidió seguirlos y viajó.
Para llegar a Colombia, cruzó por trochas hasta llegar a Maicao -donde tomó un bus a Montería y luego que la llevó a Turbo-. Cerca de su nueva vivienda, encontró un colegio y así nació la idea de venderle gelatinas a los estudiantes cuando salieran de estudiar. De esa manera consiguió los primeros ingresos al llegar a Colombia.
Aunque ver a su familia la alegró, la migración le trajo consigo un profundo impacto emocional. Morelba comenzó a tener discusiones y problemas de convivencia, especialmente con su hija. Describe cómo, al llegar a Colombia y ver cómo su vida y la de su familia cambiaron, cayó en una profunda tristeza. “Pasamos de tenerlo todo a no tener nada, incluso durmiendo en el suelo” contó, y su nivel de desespero fue tal que un día decidió salir a caminar sin un rumbo fijo. Eso asustó a su familia, quienes no supieron cómo actuar.
Ella dice que su situación llegó a un punto tan crítico, que su familia decidió encerrarla en casa para evitar que saliera, se desorientara o se perdiera. Pero este encierro solo agravó su depresión y las discusiones no cesaron. Sus nietos, también se vieron afectados al verla constantemente llorar y deprimida, cuestionando a sus padres por qué no la dejaban regresar a Venezuela.
Aunque hubiese querido buscar ayuda con un profesional de la salud, Morelba quedó sin estatus regular en Colombia, por un error en el trámite de su Permiso de Protección Temporal (PPT), lo que le ha impedido acceder a servicios de salud. Sin embargo, la posibilidad de hacerlo llegó un día, cuando una voluntaria identificó su caso durante una visita de Medical Teams al barrio donde vivía. El caso de Morelba llegó a Martín, Supervisor de Fortalecimiento a Sistemas de Salud, quién de inmediato gestionó una cita médica, pues en un principio, Morelba presentó síntomas de hipertensión o diabetes que requerían atención urgente.
Debido a los signos de alarma, a Morelba le enviaron a hacerse varios estudios médicos. No obstante, estos no revelaron ninguna enfermedad crónica, por lo que fue remitida al área de psicología. Allí, se determinó que padecía de estrés y depresión, en consecuencia, se le asignaron tres controles psicológicos y seguimiento de la presión arterial. No se le recetaron medicamentos, puesto que no presentaba tensión alta constantemente. A pesar de las dificultades, las sesiones de psicología le ayudaron a mejorar sus relaciones familiares, y a sentirse más tranquila.
Cuenta que, “todavía hay secuelas, que hay que seguir trabajando. Hay momentos en que me cae la angustia, el querer volver, y la impotencia de que no podemos hacerlo”. Ella explica que mejoró su calidad de vida gracias a la atención que recibió con Medical Teams, pues le permitió mejorar su relación con sus hijos y nietos con quienes actualmente vive. “Si no hubiese sido por esa ayuda psicológica, yo ya hubiera colapsado”. Su sueño es ver una Venezuela libre y regresar a allí junto a su familia. No obstante, reconoce que sus nietos están creciendo en Colombia, creando sus vidas y sus lazos. “Yo le he dicho a mis hijos que debemos proyectarnos a aceptar a Colombia como nuestra segunda casa, pensar como si nos hubiésemos mudado para otra casa.
Hacer esto, no por nosotros sino por los nietos, porque ellos están creciendo aquí, van a hacer una vida acá, van a crear sus amistades acá, tienen a su mamá, su papá, sus abuelos acá, entonces ¿qué van a buscar a Venezuela?”. Según ella en 8 años, cuando sus nietos crezcan y tengan alrededor de 15 o 16 años, ya no tendrán nada por lo que volver, por eso sabe que debe poner todo en una balanza, que si ella tuvo que vivir la migración no tiene por qué cargar a sus nietos con el peso de volver a un país en el que no están creciendo.

Mientras habla, se esbozan en sus ojos algunas lágrimas al recordar su historia, dice que encuentra fuerza en su fe, rezando diariamente en un pequeño altar que ha puesto en su casa. Su esperanza en volver a Venezuela sigue viva, pero su prioridad ahora son sus nietos y su salud mental.
Sabe que el camino para sanar aún no termina, pero reconoce la importancia de buscar ayuda, desafiando la creencia de que solo los “locos” necesitan ir a citas de salud mental. “Así le digo a mis nietos, es como si se me daña la nevera, tengo que buscar un técnico en refrigeración, porque la nevera está dañada, yo no la puedo arreglar y la nevera es mía, debo arreglarla, por eso necesito alguien que tenga las herramientas. Entonces como ahora yo tengo problemas emocionales y a veces uno mismo no los sabe expresar, no los sabe manejar, entonces hay que buscar a una persona que sepa, que nos dé las herramientas para salir de eso”.
Para Morelba, ahora es fundamental crear en su familia una cultura de autocuidado emocional, dice que “así como hay una cultura del ahorro, una cultura de buenos hábitos, del aseo, de la responsabilidad, debemos crear la cultura de qué cuando nosotros tengamos un problema que sea emocional, en familia debemos acudir y buscar ayuda porque sin importar el nivel de estudio que tengamos no tenemos las herramientas para afrontarlo” y agregó que en la vida, a veces se presentan situaciones o conflicto con los hijos, con la familia, con la pareja que no se sabe cómo manejarlos “es más, creemos que lo estamos haciendo bien cuando en verdad estamos haciendo un daño”, por eso es mejor asistir a citas de psicología.

Morelba junto a Martín Muñoz, Supervisor de Fortalecimiento a Sistemas de Salud, Turbo.
